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ESCRITOS DE MI MEMORIA: La llamada, por Carmen Tomás Asensio

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Tengo que disculparme por el tema que voy a tratar. No es mi “estilo”, si es que tengo algún etilo propio. Pero sí puedo asegurar que es la primera vez que escribo y describo algo que siempre he evitado. Pero he sido la protagonista de esta aventura y pienso que muchas personas pueden sentirse retratadas. Es una cosa natural y le puede suceder a cualquiera… Y, en definitiva, me sucedió a mí y lo cuento. Tengo problemas intestinales. Suelo ayudarme, para ir al baño, con infusiones, granulados, etcétera. El especialista me dio unos consejos que procuro cumplir: 1.      Atender la “llamada”. 2.      Cuidar la alimentación (verduras, frutas…). 3.      Beber mucha agua. 4.      Hacer ejercicio (caminar). Pero lo primero, siempre, es atender la “llamada”. Aquel día tenía visita con el oculista. Me pasé allí mucho tiempo y tenía unos recados que hacer, antes de regresar a casa. El prim...

EL PERFIL DEL PENTAGRAMA: Woman, por Eva Sion

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Woman Faltaban diez minutos para las 23 horas del 8 de diciembre de 1980, cuando John Lennon y Yoko Ono volvían a su vivienda, en el edificio Dakota de Nueva York, tras una tarde de grabaciones en Record Plant Studios. La limusina les había dejado en frente de la misma puerta hacia la que ellos se encaminaron pasando al lado de un hombre joven, alrededor de veinticinco años, a quien John le había firmado un disco aquella misma tarde y que llevaba rondando por allí, mezclado con fans y periodistas, desde las ocho de la mañana de aquel mismo día. Lo que nadie podía imaginar era que, pocos segundos después, ese tipo le dispararía cinco tiros por la espalda… John Lennon moría veinticinco minutos más tarde en el St. Luke's-Roossevelt Hospital Center, mientras el asesino, cuyo nombre me niego a seguir publicitando dejando ese mezquino trabajo al periodismo sensacionalista, permaneció tranquilamente leyendo algunas páginas de El guardián entre el centeno , de Salinger, hast...

PENSAMIENTOS: Sobre el recuerdo, por Ancrugon

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Son los recuerdos como la hojarasca del otoño que el viento va llevando de aquí para allá sobre un suelo duro e indiferente. A veces llega hasta nuestra sombra y la va cubriendo como una cálida manta de fantasmas del pasado, pero su calor no nos alimenta, sólo la nostalgia se apodera de la energía de estos momentos perdidos en el tiempo. Y sin embargo es ella, esta hojarasca de roces extraviados, la que ocupa más espacio en nuestro incorpóreo pensamiento. Y es que los recuerdos son la única arma que poseemos para luchar contra nuestra efímera mortalidad… Acosta, Agustín Amo todo lo verde porque trae hasta mi corazón y mi memoria el recuerdo inefable de tus ojos… Amiel, Henry F. El tiempo no es sino el espacio entre nuestros recuerdos. Anónimo Cuando joven, de ilusiones; cuando viejo, de recuerdos. El tiempo puede llevarse todo, menos los recuerdos. Lo que duele no es decir adiós, sino los recuerdos. Lo único ...